domingo, 2 de octubre de 2011

Torturas habituales.





Se esconden tras el aspecto de gente normal. Normalísima. Pero cuando las puertas del bus o el tren ya están cerradas, y ven que intentas dormir, empieza su juego. Con aparente parsimonia, llevan su mano al bolsillo (o al bolso), lo extraen, y date por jodido, porque te van a hacer partícipe pasivo de algo que ni te va ni te viene: su vida. Su vida asquerosamente anodina, típica, usual, aburrida. Es decir, nadie que hable por el móvil en el bus o en el metro va a contar algo interesante o que te pueda importar. Y si es algo interesante, coincide que además provoca vergüenza ajena. Hace algunos años me comí un viaje en alvia con un pollo que cada dos por tres contaba bien alto por el móvil que había cogido a su hija de dos años y se había fugado con ella para que su mujer no se la quedase. Le llamó toda su familia para intentar que entrase en razón, y todas las llamadas de toda su familia nos las comimos los del vagón.

Hoy he vuelto a Madrid, y me ha tocado comerme cruda la vida privada de mi compañera de asiento. Resulta que su novio tenía que encargarse de una mudanza, y la parienta del susodicho está indignadísima porque no ha pegado ni rosca durante el finde. Y yo, que sólo quería dormir, me he tenido que comer, sin exagerar, dos broncas al pobre del novio, tres desahogos con sus mejores amigas (cada una de ellas era la mejor), una petición de consejo a la más prudente de sus amigas, y dos conversaciones aledañas a la par que igual de insustanciales. Estoy harto, y me gustaría que los proderechos de los saharauis, de los palestinos, de los toros y de greenpeace hiciesen algo por la gente que está más cercana e igual de torturada... Algunos medios de transporte son auténticos guantánamos.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Mirar al pasado...




Oír esta canción es volver a madrugar para vender productos de una "compañía que cotiza en la bolsa de Ámsterdam", volver a comer en un burger de la plaza mayor de Ávila, volver a llamar para concertar citas con clientes... volver a Soria prontísimo por una carretera nacional, volver a no saber lo que es trabajar sentado de nueve de la mañana a diez de la noche... Volver a años atrás, que sabes que no vendrán de nuevo.

El pasado. Menudo hijo puta... que se lo queda todo.


(soy novato, y no sé todavía incrustar un video a través de youtube.... así que allá va el enlace en plan jurásico... http://www.youtube.com/watch?v=Uy8KHXUXhi4 )

lunes, 19 de septiembre de 2011

Repetir


Mucha gente no entiende que se pueda ver más de una vez una película en el cine, por más que te guste, porque supone "palmar ocho euros por algo que ya has visto". Por ejemplo, he visto varias veces Midnight in Paris, El cisne negro o El origen del planeta de los simios... Me da que voy a ver más de una vez El árbol de la vida.
Cuando me preguntan por qué veo más de una vez una película en el cine me dan ganas de preguntarles cuántas veces han visto Las Meninas en El Prado, o el Gernika en el Reina Sofía. Por si acaso no lo pregunto...
El Arte, creo yo, debe ser visto en su sitio. Y el sitio de una buena película es el cine, y las obras de arte no se pillan a la primera... Redescubrir escenas, ubicar la intención del director, captar el sentido de un gesto o un plano es como ver el sentido de un sfumato, o un detalle de una escultura o un capitel.
Es arte...

jueves, 15 de septiembre de 2011

hablando


litros críticos lloran
mis ojos.
pulsiones
devoran años.

callar.

hablando se acaba la gente.

martes, 13 de septiembre de 2011

Una frase gilipollas


Iba a hablar del cine, en concreto de qué hace que una película sea buena o mala, pero en elmundo.es acabo de ver una frase tan gilipollas que no me he podido resistir. Se trata de dos brokers de la bolsa de Madrid, de esos que siguen yendo de guays porque levantan (supuestamente) enormes cantidades de pasta mientras ahí fuera cientos de miles de familias las pasan canutas. Reza el eructo parafilosófico tal y como sigue: "SI NO FUERA POR LA AVARICIA Y LA CODICIA SEGUIRÍAMOS A CUATRO PATAS". Y se quedan tan anchos, más o menos como cuando echas la pota. Se me amontonan las ideas, y se me retuercen las tripas. En primer lugar, el pigmeo con franela este debería saber que la avaricia no fomenta la evolución. En segundo lugar, quién le dice a él que algunos avariciosos, incluso fundamentalistas del billete verde, no adoptan esa postura de vez en cuando. En tercer lugar, qué tendrá que ver la forma de andar con la felicidad. Algunos no se han enterado de que pisar demasiado el parqué, en ocasiones, te hace ver la realidad peor que cuando te metes un canuto. Algunos aún no se han percatado, incluso después del golpetazo económico que seguimos sufriendo los inocentes personajillos que deambulamos por el mundo real (ese que está petao de parados y mileuristas), que el dogma de fe de que siempre hay que ganar más (por pelotas y no preguntes a nadie por qué, por que nadie te sabrá responder) no es más que una pompa de aire, un flatus vocis que decían los clásicos, que tiene de todo menos anclaje en la realidad. Algunos, al fin, no se han dado cuenta de que la felicidad, al cabo, está por encima del bolsillo. El mundo moderno está tan lleno de infelices riquísimos que da pereza enumerarlos... Si no fuese por la codicia probablemente seríamos más felices, independientemente de cómo anduviéramos. Incluso sin trajes carísimos y sin colegios de pago. Hemos enterrado miles de dictaduras a lo largo de los siglos. De Napoléon a Hitler, de Nerón a Calígula... pero la dictadura del consumismo, de esa idiotez incrustada a medio camino entre el corazón y el bolsillo, ese querer tener siempre más al precio que sea, se ve que puede más con el ser humano... en fin, que iba a hablar de cine, pero no he podido. Me perdonen los amantes de los brokers, pero la frase era, en mi humilde opinión, demasiado gilipollas como para saltársela.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Los que nos enseñaron a sumar llevando



El otro día estuve viendo el blog de Mara Torres (http://blog.rtve.es/la2noticias/), y me vino a la mente un enorme paisaje de recuerdos de mi infancia y el colegio. El uniforme, la paradad el bus, la cartera llena de libros, los cuadernos, el estuche, el bocadillo para el recreo... Pero sobre todo me vino a la mente un hombre bueno, creo que poco recordado, un profesor que nos enseñó casi todo entre tercero y quinto de EGB. Le llamábamos Don José Antonio, porque en mi colegio tratábamos de usted a los profesores. Don José Antonio Cartón Calvo nos enseñó a sumar llevando, y las tablas de multiplicar y miles de temas que teníamos que aprender, y nos leía La Historia Interminable en la media hora de lectura que teníamos por la mañana. Don José Antonio fue siempre como un padre para nosotros. Era una figura entrañable que completaba el mapa de mesas y pupitres que conformaba nuestra aula. Canoso, no muy gordo, campechano, sonriente, amable. Hay que ver cuánto le debo yo a este hombre… Los que nos enseñaron a sumar llevando nos enseñaron mucho más. En mi época nos enseñaban a dejar pasar a las “señoritas” antes, a dejar el asiento en el bus a las personas mayores y a las mujeres embarazadas, y a ofrecer agua antes de echarnos a nosotros, a ser educados, a ser responsables, a ser “hombres de provecho” (algo que nunca he sabido qué significa…). Y con eso, nos enseñaron un modo de vida, un código de conducta que sigue siendo hoy el ADN de nuestro comportamiento correcto.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Volver a empezar...



Volver a empezar es el título de una peli de Garci, con la que se llevó el óscar a mejor director, nada menos, allá a comienzos de los ochenta (con Antonio Ferrandis, Chanquete, haciendo de premio nóbel).
He empezado tres blogs. Dos los dejé al poco, y uno ni siquiera tuvo la primera entrada... Y este no sé yo si será una excepción. Ahora bien, me propongo escribir de la vida misma: de la matrícula de un coche, de las siete de la mañana, de las hojas que siguen cayendo en otoño, de un crío que sonríe a su madre en la cola del súper... de que vuelve a hacer frío, de unos ojos bonitos, del sabor de las sandías en verano, del granizo en primavera. Del cielo azulado cuando no hay nubes en Asturias, de lo poco importantes que son las cosas que tanto nos importan... Me propongo no hablar ni de política ni de fútbol, que esto no es la barra de un bar. Aunque con la que se avecina algún día no me contendré y pondré a alguno que otro a parir...
Total, que aquí ando de nuevo, cargado de buenos propósitos, ilusionado con llenar "posts" de ahora en adelante.
Nos vemos.